plenitud.

Qué bonito es sentirse pleno.
Estar y por ese hecho ser feliz. Sentirse feliz. Construyendo la felicidad con cada momento que estamos respirando. Despacio, con calma. La vida transcurre, sin frenos pero no nos apura porque cada quien tiene su tiempo. 
Hay un tiempo para todo. Para dejarnos fluir como el agua en el río. Para pisar firme y poner los pies sobre la tierra en situaciones donde es debido. Para hablar, callar, amar. Ese es el tiempo que nos hace renacer cada día; el tiempo de amar. Amarse a sí mismo, amar a los otros e insistir desde el amor.
Siendo plenos, transmitimos energía que contagia a nuestro alrededor y hace que el resto sienta que puede, puede construirse día a día y no destruirse más ni dejar que nada lo destruya.

algo –

Tal vez sea porque a mi nunca me tocó vivir, ni de cerca, pero difiero en varias de las posturas que han adoptado la mayoría de las mujeres hoy en día.

Concuerdo en que el abuso, tanto como violación, acoso verbal, abuso psicológico, son hechos repudiables y merecen condena. Ningún ser vivo está en la tierra para sufrir este tipo de traumas. Pero eso no quiere decir que haya que movilizar gran parte de una sociedad, de por sí violenta, con falta de respeto, con personas que elijen no escuchar, a juzgar a ambos géneros de víctimas – victimarios. No es la manera, porque, teniendo en cuenta el modo en que nos movemos hoy por hoy, que todo creen solucionar arrebatados de violencia, sin escuchar ni comprender al otro, todo se desvirtúa aún más y crece un bache entre generaciones, las que no comprenden ni comparten tal feminismo, las que lo avalan con demasiada exacerbación, quienes dicen estar en una sociedad machista. En lugar de evolucionar como sociedad estamos decreciendo, como sujetos ya ni toleramos que otro piense distinto. 

Para recomenzar hay que mirar nuestro interior. Plantearnos qué es lo que queremos transmitir. Qué vamos a dar y demostrar. Tener respeto, por nosotros mismos y para con otros.

Todos somos distintos. Pensamos, vemos y sentimos distinto. Como individuos que somos actuamos por nosotros para nosotros y el resto. Eso es nuestra responsabilidad. 

Y todo eso empieza en casa. Con educación. Haciendo que cada chico aprenda que en la tierra hay seres vivos, personas y animales que sienten y son particulares.

Hay diversidad. Diversidad de género, de cultura, de costumbres. El lenguaje es el arma más poderosa que tenemos y el único que debiéramos usar para manejarnos sobretodo en los medios de comunicación, cuidando y advirtiendo que quizás otros no estén de acuerdo y difieran conmigo. Allá ellos. Es su opinión y libre elección.

Hay libertad. Mucha libertad. De expresión más que nada. Y aún hay democracia. 

#noesno #miracomonosonemos

lo superé, yo lo superé.

¿Cómo dejar que las heridas por fin sanen, sacar esa hipersensibilidad, ese estado de paranoia donde todo aquel que me rodea intenta hacerme daño?
Para empezar debo dejar de preguntarme cómo y empezar a decirme sé cómo.
Dejando…soltando…digamos que, liberándome del estrés que me produce estar tan alerta todo el tiempo de la opinión ajena, de sus prejuicios. Allá ellos, no?
Es demasiado el tiempo que pierdo en ese enrollo. la vida pasa mientras tanto y todos esos pensamientos no hacen más que retrasarme en el tiempo cuando la clave de la vida es AVANZAR.
Entonces decido dar por terminada la etapa de arrastrar ese pasado de victima donde me inhibía por miedo y vergüenza al que dirán.

Yo soy así, sin más, tal vez un cristal frágil pero que bien sabe blindarse

Una frasecita para comenzar.

“Se suave, no dejes que el mundo te endurezca.”

Esto me lleva a pensar que por más dura que la realidad sea con nosotros nunca debemos dejar de tener esa suavidad con la que vinimos a este mundo. Esa calma nos hará tolerar la crueldad humana sin responder de la misma manera dañando al otro porque así fue el conmigo. Por supuesto que no es fácil, pero sí posible. Conozco gente sumamente pura, un ejemplo a seguir, la maldad que hay en otros no tiene efectos adversos en su persona. Incentivan a perdonar y dejar seguir. Eso no es olvidar. Pero tampoco guardar rencor. Simplemente dejar que la tensión disminuya y desear que quien tiene maldad pueda sanar. Limpiar su alma, perdonarse. Y así, volver a ser… Suave.